Cadera de una mujer rodeada por una cinta métrica azul

La misma duda llega escrita de muchas maneras según el país: pompas operadas, cola operada, nalgas operadas, trasero operado. Debajo siempre está lo mismo. Alguien quiere saber si unos glúteos que vio en el gimnasio, en la playa o en una foto salieron del entrenamiento o del quirófano. Y casi siempre hay una segunda pregunta detrás, que pesa bastante más: cuál de los dos caminos le conviene a ella.

La respuesta corta, para quien tiene prisa. Mirando a una persona no hay certeza posible. Lo que existe son señales que orientan cuando aparecen varias juntas: la proporción del glúteo con las piernas y la espalda, la transición entre la cintura, la cadera y el muslo, cómo se deforma el tejido al caminar y las cicatrices que deja cada técnica. Del otro lado de la comparación, el entrenamiento modifica músculo y grasa pero no toca el hueso de la pelvis, y la cirugía cambia el volumen en una tarde a cambio de riesgos que conviene leer con las cifras delante.

Este artículo responde a las dos preguntas y añade una tercera que casi nadie hace: qué pasa después. Primero van las señales observables. Luego la comparación entre entrenar y operarse, con lo que dice la investigación sobre cuánto crece de verdad un glúteo entrenado y en cuánto tiempo. Al final, los riesgos documentados de cada técnica quirúrgica, cada uno con su fuente y su fecha.

Conviene decirlo de entrada: operarse no tiene nada de malo, y este artículo no pretende convencer a nadie de lo contrario. La decisión es personal. Lo que sí creemos es que se toma mejor sabiendo lo que implica cada opción, y que el cuerpo de otra persona no es asunto de nadie más.

¿Cómo saber si una mujer está operada de los glúteos?

No se puede saber con certeza mirando a alguien. Esa es la respuesta honesta y hay que darla primero. Lo que existe son señales que orientan cuando coinciden varias: la proporción del glúteo con las piernas y con la espalda, la transición entre la cintura, la cadera y el muslo, cómo se deforma el tejido al caminar o al sentarse, la simetría entre los dos lados y las cicatrices propias de cada técnica. Ninguna sirve por separado. Hay cuerpos que presentan varias de nacimiento y cirugías tan bien hechas que no se notan.

La proporción con el resto del cuerpo

Es la señal que más orienta y la que menos se menciona. El glúteo mayor se origina en la parte posterior del ilion y en el sacro, y se inserta en la cintilla iliotibial y en la tuberosidad glútea del fémur, según la descripción anatómica de StatPearls; sus acciones principales son extender y rotar la cadera hacia afuera. Eso tiene una consecuencia práctica: no se entrena solo. Los ejercicios que lo hacen crecer, como la sentadilla, el peso muerto rumano, el empuje de cadera o la zancada, cargan también cuádriceps, isquiotibiales, aductores y espalda baja.

Por eso un cuerpo que entrenó glúteo durante un año tiene piernas y espalda que también cambiaron. Cuando el volumen aparece aislado, con muslos finos y una espalda sin desarrollo, lo más probable es que el volumen se haya añadido desde fuera. Si quieres ver qué implica trabajar cada porción del músculo, lo explicamos en las 3 divisiones del glúteo.

La transición entre la cintura, la cadera y el muslo

Un glúteo entrenado se integra de forma gradual con la zona lumbar por arriba y con el muslo por abajo, porque lo que creció está debajo de la piel y arrastra todo el contorno. Un aumento con prótesis tiende a marcar un escalón más abrupto en el borde superior, sobre todo cuando el implante es grande para el tamaño de la pelvis.

En el injerto de grasa la transición suele ser más suave, y a cambio aparece otra pista distinta. La grasa que se inyecta se obtiene por liposucción en la misma cirugía, casi siempre de la cintura, el abdomen y los flancos, así que el resultado combina cadera muy ancha con cintura muy estrecha. Esa combinación, sin desarrollo de piernas ni de espalda, es la que más se repite.

Cómo se comporta el tejido al moverse

El músculo se contrae y se relaja, de modo que cambia de forma al caminar, al subir escaleras y al sentarse. Un implante de silicona mantiene una forma más constante porque no se contrae: aporta volumen, no función. La grasa injertada queda a medio camino, porque es tejido propio y se mueve como tal, pero no responde a la orden de contraer.

Hay un detalle más, y este se ve con el tiempo. La grasa trasplantada se comporta como la grasa del resto del cuerpo, así que sube y baja con el peso. La American Society of Plastic Surgeons lo advierte de forma explícita en su material para pacientes: los resultados pueden cambiar con las variaciones de peso.

Las cicatrices, que dependen de la técnica

Aquí las dos cirugías dejan rastros muy distintos. Con implantes, la misma sociedad describe que la incisión puede colocarse en la parte alta de ambos glúteos, en los pliegues glúteos donde el glúteo se encuentra con el muslo, entre ambos glúteos escondida en el pliegue, o en una sola incisión sobre el sacro. Es una cicatriz de varios centímetros y queda en una zona que roza con la ropa.

Con injerto de grasa no hay una cicatriz grande. Hay varias marcas de pocos milímetros: los puntos de entrada de la cánula en el glúteo y los de las zonas de donde se aspiró la grasa. Con el tiempo se aclaran y pasan desapercibidas, sobre todo en pieles claras.

La simetría entre los dos lados

Los cuerpos naturales rara vez son simétricos del todo. Una simetría muy exacta entre ambos lados es más frecuente después de una cirugía con implantes, porque las prótesis son iguales y se colocan en el mismo plano. Con injerto de grasa ocurre justo lo contrario con cierta frecuencia: la reabsorción no es idéntica en los dos lados y aparecen asimetrías que antes no estaban.

Lo que no es una señal, aunque se repita mucho

  • El tamaño por sí solo. Hay genéticas que reparten mucha grasa en cadera y muslo sin que nadie haya entrado a un quirófano.
  • Las estrías o la celulitis. Aparecen en glúteos naturales, operados y entrenados. No distinguen nada.
  • La firmeza al tacto. Circula mucho porque es verdad que el músculo se endurece al contraerse y una prótesis no, pero no es observable a distancia y no corresponde tocar a nadie para averiguarlo.
  • Que "no se mueva" al caminar. Puede ser una prótesis y puede ser tono muscular de alguien que entrena en serio.
  • Una foto en redes. El ángulo, la ropa interior con relleno, la postura y la edición hacen más por el volumen aparente que cualquier cirugía.

Y una advertencia que nos parece imprescindible. Nada de esto es un diagnóstico, ni algo que corresponda señalarle a nadie. Sirve para entender qué estás mirando cuando comparas resultados antes de decidir sobre tu propio cuerpo.

Opinar sobre el cuerpo ajeno, se acierte o no, no informa a nadie y hace daño a alguien.

Pompas, cola, nalgas o trasero: la palabra cambia según el país

Vale la pena detenerse un momento aquí, porque este texto lo lee gente de ocho países y la palabra no es la misma en ninguno. En México se dice pompas, y también nalgas. En Argentina y Uruguay, cola. En Venezuela y Colombia se usan cola y nalgas casi por igual. En Chile y en Perú, poto. En República Dominicana y en buena parte de Centroamérica, nalgas. Trasero se entiende en todas partes y suena más neutro por escrito. Glúteos es la palabra anatómica, la que usa un cirujano y la que aparece en los estudios que se citan más abajo.

La aclaración no es un adorno. Quien busca "pompas operadas vs gym" y quien busca "cola operada vs cola natural" están preguntando exactamente lo mismo y merecen la misma respuesta. En el resto del artículo las palabras se alternan a propósito para que cada quien encuentre la suya.

Principales diferencias entre glúteos de gimnasio y glúteos operados

Aclarado lo anterior, estas son las cinco diferencias que de verdad separan un camino del otro. No van ordenadas por lo que se nota antes, sino por lo que pesa más al decidir.

1. La materia prima que los conforma

Unos glúteos de gimnasio tienen como materia prima el propio músculo, que se puede fortalecer y aumentar con ejercicios como la sentadilla, el empuje de cadera o las extensiones de cadera desde el suelo. El resultado es tejido propio y se comporta como tal: responde al entrenamiento, se mantiene con él y se pierde si se abandona. La grasa que cubre ese músculo también cuenta, y esa sí cambia con el peso corporal.

En el quirófano hay dos caminos distintos que no hay que mezclar, porque tienen riesgos que no se parecen en nada. El implante coloca una prótesis de silicona en el glúteo, y según la técnica puede ir por debajo de la fascia, dentro del músculo o por debajo de él. El injerto de grasa, conocido como BBL por las siglas en inglés de Brazilian Butt Lift, extrae grasa de otra zona del cuerpo por liposucción y la inyecta en el glúteo. Son procedimientos diferentes, con recuperaciones y complicaciones distintas, aunque en la conversación de todos los días se hable de ambos como «operarse los glúteos».

La tercera vía, la de inyectar sustancias que no son grasa propia, no es cirugía estética: es otra cosa y tiene una sección propia más abajo, porque en América Latina llena consultas enteras.

2. La proporción entre caderas, glúteos y piernas

Es lo que comentábamos arriba, y es la diferencia más visible. Entrenar el glúteo desarrolla también las piernas y la zona lumbar, porque los mismos ejercicios las involucran. Por eso un cuerpo trabajado se ve proporcionado en conjunto.

Cuando el volumen se añade de forma aislada y no se acompaña de entrenamiento, es más fácil que el conjunto se vea desproporcionado respecto a unas piernas y una espalda que no cambiaron.

3. El mantenimiento que exige cada uno

Mantener unos glúteos entrenados es sencillo una vez que se convierte en costumbre: entrenar el tren inferior dos o tres veces por semana, con suficiente proteína en la alimentación y progresión en las cargas. Es constante, pero es rutina normal. La contrapartida es que no admite pausas largas: el músculo se pierde cuando se deja de estimular.

La cirugía funciona al revés. Exige mucho durante unas semanas y casi nada después, con dos matices que hay que tener claros. La grasa injertada se reabsorbe en parte durante los primeros meses y luego se comporta como el resto de la grasa corporal, así que depende del peso. Un implante puede necesitar una revisión años más tarde. El detalle del posoperatorio tiene una sección propia más abajo, porque casi nunca se cuenta completo antes de firmar.

4. La firmeza y cómo se comporta el tejido

Un glúteo entrenado es músculo, y el músculo se contrae. Eso se nota al caminar, al subir escaleras o al correr, y viene acompañado de algo que no se ve en una foto: más fuerza en el tren inferior, mejor estabilidad de la cadera y, con frecuencia, menos molestias lumbares.

Un implante aporta volumen y forma, pero no aporta función: no empuja, no estabiliza y no se fortalece. Por eso muchos cirujanos recomiendan entrenar igualmente después de operarse.

Los dos caminos no se excluyen.

5. Lo que cuesta cada camino

El precio varía por país, clínica y técnica, así que aquí va una referencia con fuente y fecha en lugar de una cifra redonda. La American Society of Plastic Surgeons publica el honorario medio de sus cirujanos: 7.264 dólares el injerto de grasa y 7.964 dólares el implante. Y aclara en la misma página algo que cambia la cuenta entera: esa cifra es solo el honorario del cirujano y no incluye la anestesia, el quirófano ni ningún otro gasto asociado. En su informe de 2024, la misma sociedad dejó de publicar un promedio y pasó a dar un rango de 7.000 a 11.500 dólares para el injerto de grasa.

A eso se le suman los estudios previos, la prenda de compresión, las revisiones y los días sin trabajar durante la recuperación.

Ese último coste es el que más se olvida al hacer cuentas.

Del otro lado el orden de magnitud es distinto. El plan más barato de Smart Fit, una de las cadenas de gimnasios más extendidas de la región, cuesta 299 pesos al mes en México y 69.900 pesos al mes en Colombia, según sus propias páginas de planes consultadas el 31 de julio de 2026, con permanencia de doce meses y variación según la sede. Un año completo de la cuota mexicana son 3.588 pesos.

El glúteo es, además, uno de los grupos musculares que mejor responde en casa: la sentadilla, el puente de glúteo y la zancada no necesitan equipo. Lo que sí exige es constancia durante meses, y ahí es donde se cae la mayoría.

Glúteos de gym o glúteos operados: qué resultado da cada camino

En México la consulta se escribe casi siempre igual: pompas operadas vs gym. Es la pregunta mejor planteada de todas las que llegan a este artículo, porque no pide adivinar nada sobre nadie. Pide saber hasta dónde llega el entrenamiento y dónde empieza lo que solo hace un quirófano.

Lo que sí cambia entrenando

El glúteo mayor crece con entrenamiento de fuerza, y eso está medido con ecografía y resonancia magnética, no deducido de fotos. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Frontiers in Physiology el 10 de abril de 2025, firmada por investigadores de la Universidad Federal de São Paulo, reunió 12 estudios con 318 participantes (144 mujeres y 174 hombres) y encontró un efecto moderado del entrenamiento de fuerza sobre la hipertrofia del glúteo mayor (11 estudios, diferencia de medias estandarizada de 0,71).

Lo que eso significa en la práctica: uno de los ensayos que recoge esa revisión, con 24 semanas de duración, midió aumentos del grosor del glúteo mayor de alrededor del 14,5% en el grupo que entrenó con ejercicios multiarticulares, frente a cerca del 3% en el grupo que solo hizo un ejercicio analítico. Seis meses de trabajo bien orientado, un aumento de grosor medible pero lejos de lo que promete una foto de antes y después.

Sobre qué ejercicio elegir, hay un dato que ahorra discusiones. Un ensayo aleatorizado de 2023, también en Frontiers in Physiology, asignó a 34 personas sin experiencia previa a entrenar durante 9 semanas con empuje de cadera o con sentadilla trasera, igualando el volumen, y midió el resultado con resonancia magnética: el crecimiento del glúteo fue similar con los dos. El mejor ejercicio, entonces, es el que puedas sostener durante meses con buena técnica. Si empiezas de cero, conviene revisar antes cómo hacer sentadillas correctamente y los errores más comunes al entrenar glúteos.

Lo que no cambia por mucho que entrenes

Tres cosas quedan fuera del alcance del gimnasio, y saberlo evita frustraciones caras.

La primera es el hueso. El glúteo mayor se origina en el ilion y en el sacro, así que la anchura de la pelvis y la distancia entre las crestas ilíacas marcan el ancho máximo de la cadera. Eso es esqueleto y no se entrena en un adulto. Con una pelvis estrecha, un glúteo entrenado se verá más redondo y más lleno, pero la cadera no será más ancha.

La segunda es dónde reparte la grasa cada cuerpo. El depósito glúteofemoral, el de cadera y muslo, es un compartimento distinto del abdominal, con un comportamiento propio, según la revisión de Manolopoulos y colaboradores publicada en International Journal of Obesity en 2010. Su tamaño depende del sexo y del perfil hormonal. Se puede perder grasa en general; no se puede elegir de dónde se pierde ni dónde se acumula.

La tercera es la forma. La altura a la que termina el glúteo, la posición del pliegue infraglúteo y el punto donde el músculo se inserta son individuales. El entrenamiento llena esa forma, no la sustituye por otra.

Cuánto tarda de verdad

Aquí hay una trampa que explica por qué mucha gente abandona a la sexta semana convencida de que retrocedió. En las primeras semanas de entrenamiento, buena parte del aumento de tamaño que se mide no es músculo nuevo: es hinchazón. El trabajo de Damas y colaboradores publicado en The Journal of Physiology en 2016 mostró que el daño muscular es máximo en la primera semana, menor en la tercera y mínimo en la décima, y que la síntesis de proteína solo se correlaciona con hipertrofia real cuando ese daño se ha atenuado.

Con eso en la mano, un calendario realista para quien entrena dos o tres veces por semana con progresión de carga se parece a esto: cambios de firmeza y de fuerza entre la semana 6 y la 8, cambios de volumen que se notan en la ropa a partir del cuarto o quinto mes, y resultados apreciables en fotos comparables a partir de los seis meses. Los protocolos incluidos en el metaanálisis de 2025 exigían un mínimo de 5 semanas y llegaban hasta 24.

Nadie mide esto en quince días.

La cirugía invierte el calendario.

El volumen aparece el mismo día, y luego baja. Un estudio con resonancia magnética publicado en Aesthetic Plastic Surgery en 2006 siguió a pacientes con una media de 350 mililitros de grasa inyectada y calculó una reabsorción del 24% al 36% entre la segunda semana y el tercer mes; la circunferencia glútea había subido de 1 a 3 centímetros a las dos semanas y volvía a valores de partida a los tres meses, por reabsorción y por resolución del edema. La ASPS informa a sus pacientes de que se retiene, de media, entre el 60% y el 80% de la grasa transferida.

Gimnasio y quirófano, lado a lado

AspectoEntrenamientoInjerto de grasa (BBL)Implante de silicona
Qué crea el volumenMúsculo propio y la grasa que lo cubreGrasa propia trasplantadaPrótesis de silicona
Cuándo se ve el resultadoFirmeza a las 6 u 8 semanas; volumen a partir del cuarto mesEl mismo día; resultado estable hacia los 3 a 6 mesesEl mismo día, con inflamación las primeras semanas
Qué pasa con el tiempoSe mantiene si se entrena; se pierde si se abandonaSe reabsorbe del 24% al 36% en los primeros 3 mesesEstable; puede necesitar revisión o retirada
CicatricesNingunaPuntos de cánula y zonas de liposucciónIncisión en el pliegue interglúteo, en los pliegues glúteos o sobre el sacro
Complicación más grave documentadaLesión por técnica o carga mal progresadaEmbolia grasa pulmonar, potencialmente mortalDehiscencia de la herida, seroma, infección, retirada del implante
Marcha atrásInmediata: se deja de entrenarParcial y difícilSí, con una segunda cirugía
Qué exige despuésDos o tres sesiones semanales de por vidaSemanas de posoperatorio y mantener el pesoSemanas de posoperatorio y controles

El posoperatorio que no sale en las fotos de antes y después

Las fotos de antes y después saltan de un día al siguiente. Entre esas dos imágenes hay unas semanas que casi nunca se cuentan completas antes de firmar, y que hay que poder encajar en la vida de cada quien antes de reservar fecha.

Según las pautas que publican los propios equipos quirúrgicos, lo habitual incluye prenda de compresión durante semanas, evitar sentarse directamente sobre los glúteos entre dos y seis semanas, dormir boca abajo o de lado durante ese periodo y varios meses hasta que la inflamación cede del todo. Para quien trabaja sentada, ese detalle no es menor: son semanas de cojín especial o de trabajo de pie.

El regreso al ejercicio también tiene calendario. Caminar suave se retoma pronto, porque ayuda a la circulación. El entrenamiento de fuerza del tren inferior espera al alta del cirujano, que suele situarse alrededor de las seis a ocho semanas y varía con la técnica. Después, las revisiones se espacian. No hay que visitar al cirujano cada semana de forma indefinida, como a veces se dice.

Hay un coste que casi nunca entra en el presupuesto y que pesa mucho: los días sin trabajar y sin poder hacer vida normal. Quien tiene hijos pequeños, un trabajo de pie o un empleo por horas debería contarlo antes de comparar precios, porque a veces es la partida más cara de todas.

Los riesgos del quirófano, con cifra y con fuente

Este es el punto que casi nunca aparece cuando se comparan ambas opciones, y es el que más peso debería tener. Va con fechas, porque las cifras han cambiado y usar la de 2017 como si fuera la de hoy sería tan deshonesto como ocultarla.

El injerto de grasa y la embolia grasa pulmonar

El mecanismo es siempre el mismo: si la cánula lesiona las venas del glúteo mientras inyecta, la grasa entra en la circulación venosa, viaja al pulmón y lo bloquea.

Se llama embolia grasa pulmonar y puede matar en minutos.

En 2017, un grupo de trabajo de la Aesthetic Surgery Education and Research Foundation encuestó a cirujanos plásticos de todo el mundo y publicó los resultados en Aesthetic Surgery Journal. Los 692 cirujanos que respondieron declararon 198.857 procedimientos de injerto graso en glúteos, con 32 muertes por embolia grasa y 103 embolias no mortales. Los tres métodos de cálculo que aplicaron dieron una mortalidad de entre 1 de cada 6.214 y 1 de cada 2.351 casos, y las recomendaciones que salieron de ahí fueron concretas: no inyectar en el músculo profundo, no usar cánulas de menos de 4 milímetros y no apuntar la cánula hacia abajo.

El 6 de agosto de 2018, cinco sociedades (la American Society of Plastic Surgeons, la American Society for Aesthetic Plastic Surgery, la International Society of Aesthetic Plastic Surgery, la International Society of Plastic Regenerative Surgeons y la International Federation for Adipose Therapeutics and Science) emitieron una advertencia urgente conjunta en la que hablaban de una mortalidad estimada de hasta 1 de cada 3.000, muy por encima de la de cualquier otra cirugía estética.

La buena noticia es que las recomendaciones funcionaron.

Un seguimiento publicado en la misma revista en 2020 por Rios y Gupta encontró que, en los dos años posteriores a las recomendaciones, la incidencia de cualquier embolia grasa bajó a 1 de cada 2.492 casos, frente a 1 de cada 1.030 antes.

La mala noticia es que la brecha entre lo recomendado y lo que se hace sigue abierta. Pazmiño y García documentaron en 2023 25 muertes por embolia grasa asociadas a esta cirugía solo en el sur de Florida entre 2010 y abril de 2022; las autopsias mostraron grasa inyectada dentro de la musculatura glútea en todos los casos, y 14 de esas muertes ocurrieron después de que las recomendaciones se hicieran públicas. Los autores señalaron como factor principal el entorno de clínicas de alto volumen y bajo precio, con tiempos quirúrgicos de alrededor de 90 minutos.

En enero de 2024, un artículo firmado por Finkelstein y colaboradores en Aesthetic Surgery Journal lo resumía desde el título: el BBL sigue siendo el procedimiento estético más letal. Entre los cirujanos plásticos encuestados, solo el 29% usaba guía ecográfica de forma sistemática y el 62% no la usaba nunca.

Lo que ha cambiado en la regulación

Florida, que concentró buena parte de las muertes, endureció la ley. El estatuto 458.328 de Florida obliga desde 2023 a que la grasa se inyecte únicamente en el espacio subcutáneo sin cruzar la fascia que recubre el músculo glúteo, prohíbe expresamente las inyecciones intramusculares y submusculares, exige guía ecográfica durante la colocación y navegación de la cánula, impide delegar la extracción y la inyección de la grasa en otra persona, y obliga a mantener una proporción de un médico por paciente durante todas las fases del procedimiento.

La ASPS, la Plastic Surgery Foundation, The Aesthetic Society y la ASERF publicaron el 18 de agosto de 2022 una declaración conjunta de seguridad en la que defienden la imagen en tiempo real durante la inyección como un paso de sentido común para asegurar que el cirujano se mantiene por encima de la fascia. Esto sirve como referencia aunque tu cirugía no se haga en Florida: son preguntas legítimas que hacerle a cualquier cirujano, en cualquier país.

Los implantes tienen otros riesgos, y también tienen cifras

Con prótesis no hay riesgo de embolia grasa, pero sí de complicaciones locales, y no son raras. Un metaanálisis publicado en Plastic and Reconstructive Surgery en diciembre de 2025, con 32 estudios y 2.682 pacientes, encontró tasas de seroma del 7,50% con implantes texturizados frente al 2,56% con implantes lisos, dehiscencia de la herida del 13,98% frente al 6,63%, y contractura capsular del 2,06% frente al 0,55%. La retirada del implante fue del 1,05% en el conjunto, y llegó al 5,23% cuando la prótesis se había colocado en el plano subfascial.

Dicho de otro modo: aproximadamente uno de cada siete pacientes con implante texturizado tuvo una apertura de la herida quirúrgica.

No es una complicación mortal, pero alarga la recuperación y a veces obliga a volver a entrar.

Todo esto ocurre en un contexto de crecimiento rápido. Según la encuesta global de la ISAPS correspondiente a 2024, publicada en junio de 2025, el aumento de glúteos fue el procedimiento quirúrgico que más creció en el mundo: 820.762 intervenciones y un alza del 56,8%.

Biopolímeros y sustancias inyectadas: el problema propio de América Latina

Hay una tercera vía que se anuncia como si fuera una alternativa barata a la cirugía y no lo es. Inyectar aceites, silicona líquida industrial, polimetacrilato o mezclas sin identificar para dar volumen a los glúteos no es un procedimiento estético con más o menos riesgo: es un daño que se instala y que muchas veces no tiene vuelta atrás.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos emitió una advertencia el 13 de noviembre de 2017 en la que recuerda que la silicona inyectable solo está aprobada para un uso concreto dentro del ojo y que ningún relleno dérmico está aprobado para modelar el cuerpo a gran escala. Los efectos que enumera son dolor persistente, cicatrices, muerte del tejido y desfiguración permanente; y si la silicona migra más allá del punto de inyección, embolia, ictus, infecciones y muerte. Añade un detalle que retrata el problema: estas inyecciones las aplican con frecuencia personas sin licencia, en casas particulares o en hoteles.

La dimensión regional está medida. Un estudio publicado en la revista Biomédica del Instituto Nacional de Salud de Colombia en 2021 revisó 1.322 pacientes atendidos en Cali entre 2013 y 2018 por efectos adversos de sustancias modelantes. El 95,5% eran mujeres, con edades de 19 a 83 años. Los glúteos fueron el sitio infiltrado con más efectos adversos: el 74,4% de los casos. Entre las sustancias inyectadas en glúteos, la mitad eran biopolímeros.

Los signos más frecuentes fueron asimetría (89,5% de los pacientes) y aumento del volumen de la zona (70,7%). El 7,7% presentó migración de la sustancia a puntos alejados del lugar de inyección, con secuelas dolorosas que en algunos casos no era posible tratar, y los autores recuerdan que esa migración puede aparecer entre tres y quince años después de la aplicación. El 65,2% de los procedimientos se había hecho en centros de estética y el 11,5% en la vivienda de quien aplicó la sustancia.

Si alguien te ofrece "aumento de glúteos sin cirugía" con una jeringa y un precio que no se parece al de un quirófano, esto es lo que se está ofreciendo.

No es una versión económica de la cirugía. Es otra cosa.

Qué preguntar antes de firmar, si decides operarte

Nada de lo anterior es un argumento para no operarse. Es información que hay que tener sobre la mesa junto con el precio y el resultado esperado. Si esa es tu decisión, estas ocho preguntas salen directamente de las recomendaciones citadas más arriba y sirven para separar a un equipo serio de uno que no lo es.

  • ¿Qué certificación tiene el cirujano y qué acreditación tiene el quirófano? El nombre del consejo o la sociedad que lo certifica se puede verificar en línea.
  • ¿En qué plano va a inyectar la grasa? La única respuesta aceptable es en el espacio subcutáneo, sin cruzar la fascia del músculo. Si escuchas "intramuscular para que dure más", ahí termina la conversación.
  • ¿Usa guía ecográfica durante la inyección? Es lo que recomiendan las sociedades desde 2022 y lo que la ley de Florida exige desde 2023.
  • ¿Cuántas cirugías de este tipo hace en un día? El estudio del sur de Florida vinculó la mortalidad con clínicas de alto volumen y tiempos quirúrgicos de unos 90 minutos.
  • ¿Quién extrae la grasa y quién la inyecta? No debería delegarse en un asistente.
  • ¿Qué pasa si se reabsorbe más de lo previsto? Conviene saber por escrito si un retoque está incluido y en qué plazo.
  • ¿Dónde va a quedar exactamente la cicatriz? Pide que te la señalen sobre tu propio cuerpo, no sobre un dibujo.
  • ¿El consentimiento informado menciona la embolia grasa pulmonar? Si no aparece por escrito, falta la información más importante.

Si el profesional evita el tema de los riesgos o se molesta con las preguntas, eso ya es una respuesta.

Por dónde empezar si eliges el gimnasio

Los protocolos que produjeron hipertrofia medible en el metaanálisis de 2025 no tienen nada de exótico: entrenamiento de fuerza con resistencia externa, extensión de cadera como movimiento central y una progresión sostenida durante semanas. Esto es lo que se traduce de ahí.

Frecuencia. Dos o tres sesiones de tren inferior por semana, con al menos un día de descanso entre ellas. Más sesiones no compensan si no hay progresión de carga.

Ejercicios. Un movimiento multiarticular pesado (sentadilla, prensa o peso muerto rumano), un empuje de cadera y un accesorio de abducción o extensión. El ensayo de 2023 dejó claro que no hay que elegir entre sentadilla y empuje de cadera: los dos sirven, y el mejor es el que hagas bien. Tienes una selección más amplia en nuestra guía para desarrollar unos glúteos perfectos y en los 8 ejercicios para levantar los glúteos.

Si entrenas en casa. Al principio el peso corporal alcanza, sobre todo si nunca entrenaste. Después hace falta carga, y ahí entran las bandas, las mancuernas o una mochila cargada. La rutina de glúteos en casa de 15 minutos sirve para arrancar sin equipo.

Proteína. El metaanálisis de Morton y colaboradores publicado en British Journal of Sports Medicine en 2018, con 49 estudios y 1.863 participantes, situó en torno a 1,62 gramos por kilo de peso y día el punto a partir del cual más proteína no aportó más masa magra. Por debajo de eso, el entrenamiento rinde menos de lo que podría.

Si sientes que el glúteo no trabaja. Es una queja habitual y tiene explicación. Lo tratamos en el artículo sobre la amnesia glútea, donde también se explica por qué el autodiagnóstico falla tanto.

Y si el objetivo va más allá del glúteo, en la guía de masa muscular en mujeres están las respuestas a las dudas que más frenan: si levantar pesado masculiniza, cuánta proteína hace falta y qué pasa con el ciclo menstrual.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden tener glúteos grandes sin operarse?

Sí, aunque el punto de partida genético condiciona cuánto y en cuánto tiempo. El glúteo mayor es el más superficial y el más voluminoso de los tres músculos glúteos, y responde bien al entrenamiento de fuerza con progresión de cargas: el metaanálisis de Frontiers in Physiology de 2025 encontró un efecto moderado sobre su hipertrofia en 11 estudios. Lo que el entrenamiento no puede cambiar es la estructura ósea de la pelvis, que marca el ancho máximo de la cadera, ni dónde reparte la grasa cada cuerpo.

¿Cuánto tarda en notarse el entrenamiento de glúteos?

Los primeros cambios de firmeza y de fuerza suelen aparecer entre las semanas 6 y 8 entrenando dos o tres veces por semana. Los cambios de volumen que se notan en la ropa llevan meses: cuatro o cinco como mínimo. Buena parte de lo que se mide en las primeras semanas es hinchazón por daño muscular, no músculo nuevo, según el trabajo de Damas y colaboradores de 2016. Cualquier promesa de resultados en 15 días conviene mirarla con desconfianza.

¿Qué diferencia hay entre el BBL y los implantes de glúteos?

El BBL usa grasa del propio cuerpo, extraída por liposucción de otra zona e inyectada en el glúteo. Da un resultado más natural al tacto y también estrecha la cintura, porque de ahí sale la grasa, pero una parte se reabsorbe. El implante usa una prótesis de silicona, ofrece un volumen más predecible y permanente, y deja una cicatriz de varios centímetros. Los riesgos son distintos: el injerto de grasa carga con el riesgo de embolia grasa pulmonar y el implante con complicaciones locales como la dehiscencia de la herida o el seroma.

¿Cuánto dura el resultado de un BBL?

La grasa que sobrevive al trasplante se queda de forma indefinida, pero no sobrevive toda. Un estudio con resonancia magnética publicado en Aesthetic Plastic Surgery en 2006 midió una reabsorción del 24% al 36% entre la segunda semana y el tercer mes, y la ASPS informa a sus pacientes de una retención media del 60% al 80%. El resultado se considera estable a partir de los tres a seis meses. Después se comporta como el resto de la grasa corporal: sube y baja con el peso, así que una pérdida de peso importante reduce el volumen conseguido.

¿Es verdad que el BBL es la cirugía estética más peligrosa?

Sí, y está documentado. En 2018 cinco sociedades de cirugía plástica emitieron una advertencia conjunta que hablaba de una mortalidad de hasta 1 de cada 3.000, muy por encima de cualquier otro procedimiento estético. Las recomendaciones posteriores redujeron el riesgo: la incidencia de embolia grasa bajó de 1 de cada 1.030 a 1 de cada 2.492 casos en los dos años siguientes, según el seguimiento de Rios y Gupta de 2020. Aun así, un artículo de Aesthetic Surgery Journal de enero de 2024 concluía que sigue siendo el procedimiento estético más letal, y que solo el 29% de los cirujanos encuestados usaba guía ecográfica de forma sistemática.

¿Los glúteos operados se pueden entrenar después?

Sí, y es lo habitual una vez pasada la recuperación y con el alta del cirujano, que suele llegar entre las seis y las ocho semanas según la técnica. El implante no impide que el músculo que tiene debajo se entrene y crezca, y en el caso del injerto de grasa el entrenamiento ayuda a que el conjunto se vea proporcionado. Los dos caminos no son excluyentes: muchos cirujanos recomiendan entrenar precisamente porque la prótesis aporta volumen y no aporta función.

¿Se pueden quitar los biopolímeros inyectados en los glúteos?

No es una simple aspiración, y conviene saberlo antes. Estas sustancias se infiltran entre los tejidos en lugar de quedarse encapsuladas, así que el tratamiento que describe la literatura es quirúrgico y agresivo: en la serie publicada por Narváez-Riera y Ortiz en Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana en 2022 consiste en extirpar en bloque los tejidos afectados y reconstruir en el mismo acto con colgajos locales o injertos. A eso se suma que la sustancia migra: en la serie de 1.322 pacientes publicada en la revista Biomédica en 2021, el 7,7% presentaba migración a puntos alejados del sitio de inyección, con secuelas dolorosas que en algunos casos no era posible tratar, y esa migración puede aparecer hasta quince años después. La FDA advierte de que los efectos pueden ser permanentes. Si te aplicaron algo y no sabes qué era, lo que corresponde es una consulta con un cirujano plástico certificado, no esperar a ver.

Lo que este artículo no puede decidir por ti

Las cifras de arriba sirven para una cosa: que la decisión se tome con los números delante y no con una foto en redes. No dicen cuál es la opción correcta. Hay mujeres para las que seis meses de entrenamiento resuelven exactamente lo que buscaban, y hay otras para las que ninguna cantidad de sentadillas va a ensanchar una pelvis estrecha. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo.

Lo único que defendemos aquí es el orden. Primero entender hasta dónde llega el entrenamiento, porque cuesta poco, es reversible y no tiene mortalidad asociada. Después, si el resultado no alcanza, sentarse con un cirujano plástico certificado llevando las ocho preguntas de más arriba. Y en ningún momento, con una jeringa de contenido desconocido en un centro de estética.

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